4. Trazando el camino hacia la institucionalización de los movimientos sociales

4.3. Transformaciones en las agendas políticas

4.3.3. La respuesta institucional

La preeminencia de una u otra estrategia política va a estar condicionada también por el contexto institucional, que puede ser más o menos receptivo a esa voluntad de diálogo y colaboración con los movimientos sociales.

Algunos autores subrayan la capacidad del sistema político para proporcionar un espacio de negociación e intercambio de intereses y decisiones en el que se pueda mediar y dar respuesta a los problemas que hacen florecer los movimientos sociales. En palabras de Melucci y Casquete (2001, p. 168):

«los sistemas políticos proporcionan respuestas (a los movimientos sociales) porque institucionalizan el problema y producen reglas, toman decisiones; limitan la incertidumbre mediante la toma de decisiones, en tanto que los movimientos sociales hacen aflorar los problemas. El mero hecho de que los problemas se afronten y nominen abiertamente es algo de extrema importancia en nuestras sociedades».

Por tanto, es importante que las demandas de los movimientos sociales sean visibles y reciban una respuesta por parte de las instituciones para reducir el problema por el cual fueron creados. De esta manera, nos podemos encontrar en un contexto en que los movimientos sociales encuentren una serie de oportunidades políticas, ya sea por cambios en la configuración del poder o en las disposiciones institucionales, pero también pueden haber sido generadas por los mismos movimientos sociales o como resultado de procesos de negociación con las autoridades políticas.

Aprovechar este contexto de oportunidad política puede ser clave para la consecución de determinados objetivos del movimiento social. No obstante, estas situaciones pueden acabar teniendo también algunas contrapartidas importantes para los propios movimientos sociales.  Por ejemplo, estos procesos de apertura por parte del contexto institucional no suelen presentarse por igual a todas las demandas que pueda plantear un determinado movimiento social. La oportunidad política se abrirá para aquella parte del movimiento que trate cuestiones de interés más directo para las instituciones. Y frente a la pluralidad propia de los movimientos sociales (debido a la multiplicidad de asociaciones, repertorios de acciones, temáticas, tácticas, relaciones, lógicas organizacionales, actores, demandas, etc.), determinados contextos de oportunidad política pueden acabar generando procesos de homogeneización del movimiento, o de cooptación de aquellos grupos más cercanos al marco institucional y, por tanto, de invisibilización de aquellos más autónomos y con menos recursos.

La creación de órganos consultivos por parte de las instituciones puede ser valorado positivamente en tanto que espacios en los que se cuenta con el apoyo y el punto de vista del movimiento sobre las cuestiones de relevancia social que se abordan. Pero estos espacios tampoco acaban siendo plenamente representativos:

  • hay cuestiones que prefieren no tratarse;
  • se aceptan prácticas de presión política o lobby dirigidas a la obtención de recursos y reivindicaciones concretas que pueden suponer una controversia en el propio movimiento por la connotación patriarcal, sexista y androcéntrica que se asocia a las instituciones;
  • integran las posiciones más críticas, pero diluyen su carácter crítico, otorgando legitimidad a las decisiones institucionales aunque no siempre cubran las expectativas del asociacionismo y;
  • requieren de tiempo y dedicación para compartir la experiencia activista sin recibir compensación alguna, por lo que no se reconoce el trabajo realizado por el movimiento.