4. Trazando el camino hacia la institucionalización de los movimientos sociales

4.2. La institucionalización como cambio del modelo organizativo

4.2.3. La profesionalización

La formalización genera la necesidad de contar con personas profesionales, capaces de llevar a cabo los objetivos y las gestiones diarias de la organización (Buechler, 2016). Así, se hace necesario que la militancia recurra a rutinas establecidas y familiares, repetitivas y autónomas más compatibles con estructuras formalizadas. De esta manera, sus comportamientos se vuelven predecibles (Natalucci, 2012).

En ocasiones, la profesionalización se confunde con la salarización (Coll-Planas y Cruells, 2017). Es decir, cuando no hay personas voluntarias, o bien cuando estas se convierten en personal remunerado (Christiansen, 2009) gracias, en parte, a la recepción de fondos públicos. La gestión de estos fondos públicos requiere de un conocimiento técnico, una eficacia organizacional y una profesionalización que ha de ser remunerada (Morgan, 2007). De esta manera, la persona voluntaria tiene la oportunidad de desarrollarse profesionalmente gracias a la demanda de trabajo cualificado en el tercer sector (Buechler, 2016). No obstante, los fondos recibidos no siempre son suficientes para contar con personal asalariado, por lo que hay que destacar la presencia de personal voluntario y activistas, implicados en el asociacionismo (López y Hincapié, 2015), aunque la presencia de voluntariado y de personas sin titulación académica acabe cuestionando la necesidad de un conocimiento técnico y de una remuneración.