3.3. Los enfoques teóricos de estudios de los movimientos sociales
3.3.3. El enfoque de los nuevos movimientos sociales
Este enfoque nace por la necesidad de explicar los movimientos sociales aparecidos en el último tercio del siglo XX, fundamentalmente los movimientos ecologistas, pacifistas y la nueva oleada de feminismo. Se les llamó «nuevos» movimientos para diferenciarlos de los movimientos más clásicos y típicos del siglo XIX y buena parte del siglo XX: fundamentalmente el movimiento obrero, pero también la primera ola del movimiento feminista y los movimientos nacionalistas de las antiguas colonias. Por tanto, es un enfoque que no trata de dar una explicación de todos los movimientos, sino de unos bien concretos y delimitados en una época determinada.
Esos movimientos sorprendieron a las democracias –y también a las dictaduras– en una época de crecimiento económico continuado y de relativa redistribución económica. Sorprendieron, dado que desafiaron el consenso que surgió después de la Segunda Guerra Mundial y que se conoce como «los treinta años gloriosos» (1945-1975). Esos nuevos movimientos pusieron en entredicho ese consenso: para ellos la riqueza, el crecimiento de la producción o el bienestar material ya no serían la fuente última y principal de felicidad. Defendían en su lugar los valores culturales, la calidad de vida, la igualdad entre los sexos, la no discriminación étnico-racial o afectivo-sexual, el pacifismo o las formas más directas de participación democrática.
El desarrollo de los «nuevos» movimientos estaría estrechamente ligado a una serie de factores clave que tomaron relevancia en el último tercio del siglo XX. El primero, la amenaza nuclear que en el período de la llamada Guerra Fría implicaba la política de las grandes potencias y que suponía un auténtico desafío para la vida en el planeta Tierra. El segundo, la constatación de que el crecimiento económico debía limitarse a un mundo de recursos finitos a fin de no llevar al mundo hacia su autodestrucción. Y tercero, ni las democracias representativas ni las políticas de bienestar parecían cumplir las expectativas que habían creado sobre la igualdad y la libertad. Estos factores dieron como resultado:
- La pérdida de la centralidad explicativa de las clases sociales: la ciudadanía ya no se definía exclusivamente por sus relaciones de producción, sino que emergieron otros elementos de identidad tan o más explicativos, como el género, la nacionalidad o la formación.
- La incapacidad de los movimientos hasta entonces existentes para dar repuesta a unos problemas que, hasta el momento, les eran muy ajenos. Por ejemplo, para el movimiento obrero y sindical era muy reacio a las propuestas anticrecimiento del movimiento ecologista. Por tanto, en la crítica de los nuevos movimientos también se incluía muy a menudo a los «viejos» movimientos.
En este contexto nacen los nuevos movimientos como formas alternativas de acción colectiva que responden mejor al espíritu de los tiempos. Y que a la vez son novedosos en sus objetivos, en la organización y en su composición social. Sus objetivos constituyen, en expresión de Claus Offe, «luchas defensivas contra la irracionalidad de la modernización». Por ejemplo, los movimientos ecologistas, antimilitaristas y pacifistas. En cuanto a la organización, sus formas son menos jerárquicas que los movimientos anteriores, y se opta por lo asambleario y por el trabajo en redes. En cuanto a la composición social los nuevos movimientos, son más interclasistas, con un protagonismo especial de las llamadas, a finales del siglo XX, «nuevas clases medias», muy instruidas, pero con reivindicaciones no de un grupo social, sino generalistas, esto es, reivindicaciones que, en caso de conseguirse, repercutirían no sobre un grupo social, sino sobre el conjunto de la sociedad.
Entre los «nuevos» movimientos más importantes encontramos el movimiento pacifista, que, como se ha dicho líneas arriba, se desarrolla en el contexto de la Guerra Fría y como respuesta a la carrera armamentística que protagonizaron las dos potencias de la épica (Estados Unidos y URSS) y sus respectivos aliados. Otro «nuevo» movimiento social importante fue el movimiento ecologista, que alertaba contra los peligros del llamado desarrollo, centrando sus objetivos en el necesario cambio de la relación entre el ser humano y la naturaleza. Otro «nuevo» movimiento importante fue el movimiento feminista: pese a contar con precedentes importantes, como el de las sufragistas, los años setenta del siglo pasado fueron testigo de una nueva oleada de feminismo que se extiende a los hasta entonces privados de la vida social con su lema «lo personal es político».
El impacto de esos nuevos movimientos ha sido muy importante en las décadas siguientes. Hicieron emerger debates sobre cuestiones antes no contempladas y consiguieron que la opinión pública se hiciera eco de muchos de sus planteamientos y, en consecuencia, han motivado que las instituciones políticas tuvieran que estudiar y establecer medidas dirigidas a dar satisfacción a las «nuevas» demandas.
La serie documental Broken (Netflix, 2019) muestra una de las funciones del movimiento ecologista, que es cuestionar las prácticas de producción y consumismo irresponsable y su impacto en nuestro planeta. Nos expone los problemas provocados por el mobiliario desechable, las industrias de maquillaje, los cigarrillos de vapor y el falso reciclaje y su impacto sobre las diferentes sociedades.