1. Los grupos: sus formas y sus dinámicas sociales

1.4. Las minorías activas: un modelo para estudiar los grupos

1.4.6. Los grupos de hacktivismo: hackers e influencers

El nacimiento y auge de internet ha transformado nuestra realidad de manera global. Especialmente en las últimas dos décadas, en las que se ha extendido su uso en prácticamente todas las áreas de la vida cotidiana. En el campo de la acción colectiva ha producido una auténtica revolución con el uso de las herramientas digitales. Por eso, uno de los expertos en la informática y la comunicación, el filósofo Pekka Himanen, lanzó en 2001 su obra más difundida: La ética del hacker y el espíritu de la era de la información, en donde pone a debate las formas nuevas de trabajo, activismo y comunicación masiva con un modelo ético que sustituye al del capitalismo clásico, basado en la producción, el valor del dinero, la competencia y la propiedad privada de todas las producciones culturales y materiales. Inspira, sin lugar a dudas, a los nuevos activismos que han incorporado de manera total las nuevas tecnologías como forma sustantiva de su acción: los hacktivismos.

Los y las hackers son los nuevos actores en este escenario y forman grupos que se vinculan de manera fuerte a la realización de tareas específicas. Cabe indicar que la palabra se ha usado de manera tergiversada para caracterizar a grupos delincuenciales: piratas informáticos, creadores e introductores de virus informáticos y estafadores en internet, que se diferencian en el argot informacional como crackers. Esta idea es completamente equivocada, puesto que los hackers son personajes que mantienen una ética muy clara, tal y como se describe en el libro de Himanen. Su ética (nética) se inspira en varios principios:

  • El motor de la acción colectiva del hacker es la pasión por lo que hace y la inspiración clave está en la libertad para vincularse con otros hackers que compartan estos principios y sin necesidad de obligarse a colaborar.
  • La identidad no es relevante y por eso se inventan alias, o nicknames, como presentación. Se eliminan así toda clase de marcadores de género, edad, nacionalidad, aspecto físico, etc., porque se considera que son innecesarios.
  • Las tareas colectivas se presentan como retos: descifrar un código informático, conseguir reorganizar un sistema informacional, distribuir sistemas operativos libres (software libre), educar gratuitamente a la gente en el uso de las nuevas tecnologías y aplicaciones.
  • El reconocimiento de los grupos es entre colegas, sin acreditaciones institucionales y el valor social de cada grupo radica en su solidaridad libre y sin obligaciones formales.
  • La ética hacker reconoce la libre circulación de los contenidos en internet y la eliminación de la propiedad privada intelectual basada en el capitalismo del pago (copyright). Por ese principio, apoyan la creación de contenidos gratuitos (copyleft) y una economía de libre mercado.

En efecto, los grupos hacker son colectivos de gente anónima, apasionada en lo que hace, sabedora de impacto social que tiene la colaboración libre, que se propone retos y tareas concretas sin compromisos burocratizados, que buscan la liberación del conocimiento que se ha convertido en moneda de cambio en el capitalismo cognitivo y que impulsan proyectos de colectivización de dicho conocimiento.

Asimismo, los denominados influencers, son grupos que funcionan como opinadores, impulsores de tendencias (moda, comunicación, alimentación, salud, etc.) y que han conseguido notoriedad con la aparición de las redes sociales como herramienta de uso mundial. A diferencia de los hackers, se definen con un culto a la identidad individual, con la competencia entre ellos, con la obtención de reconocimiento mediante likes y número masivo de followers. No es casual que se suelan usar expresiones en inglés porque son parte de un proceso de capitalismo globalizado que usa ese idioma como si fuera universal.

Si los analizamos a la luz de la teoría de Tarde sobre la opinión pública, los grupos de influencers serían los nuevos creadores de opinión, serían los columnistas de la era de internet y, para bien y para mal, los generadores de tendencias y modas nuevas que muchas veces resultan banales, frívolas e insustanciales. Salvo para las cuentas bancarias de estos personajes, porque han aprendido a mercantilizar toda su influencia social y tienen un público que les sigue y busca imitar. De hecho, serían uno de los grupos más representativos de la minoría activa, aunque para fines no edificantes y liberadores. Porque, de hecho, la influencia social minoritaria no puede verse solo como algo positivo en sentido estricto, sino como un proceso de transformación social que merece su dosis de ética con espíritu hacker.