1.2. La era de las multitudes
1.2.3. Los públicos
¿En dónde hay un auténtico giro copernicano sobre el estudio de las multitudes? En las elegantes y más sutiles indagaciones de un psicólogo social francés, durante mucho tiempo opacado por la sociología mainstream de tradición durkheimiana: Gabriel Tarde. Es célebre la confrontación que tuvieron ambos personajes en el Collège de France en 1903 acerca de los alcances de la sociología, sus conceptos y métodos, y que originó las dos tradiciones que perviven al día de hoy: por un lado, pensar que lo colectivo (o lo social) es terreno propio de la sociología y que el individuo es materia de la psicología. No está de más subrayar este célebre debate porque explicaría bien cómo disciplinas tales como la autodenominada psicología colectiva, o social, o de las masas, parece una ciencia bisagra entre dos tradiciones cuando, en estricto sentido, es la que les da origen, aunque posteriormente, a que ambas tradiciones se mantengan separadas por razones extraacadémicas, y más en el orden de los cotos de poder universitario.
En fin, volvamos a Tarde. Cuando publica sus primeros trabajos en que analiza el fenómeno de las multitudes, plantea como móviles importantes tanto las leyes de la imitación, la sociabilidad, las interacciones y la invención. A diferencia de sus colegas, que lo explican todo con el binomio masa-líder, Gabriel Tarde propone fórmulas más agudas y sutiles para explicar el funcionamiento de la multitud. No se trata de establecer relaciones de causa y efecto, sino de desentrañar las formas que los colectivos construyen para explicarse la vida en común, las formas sociales de convivencia y la invención de nuevos escenarios sociales. En este sentido, proviene más de una tradición inaugurada por el psicólogo social alemán Georg Simmel, que explica la acción colectiva como formas sociales, como gestos y modales, como estilos y rituales cotidianos que producen eso que los teóricos despistados llaman lo social.
En ese marco histórico hace su aparición un nuevo actor que Tarde no duda en incluir en sus reflexiones. Nos referimos a los medios masivos: la prensa y la radio, particularmente. Lo que lleva a pensar a Tarde que esos medios vehiculaban y reordenaban la vida de las multitudes, fue encontrar un concepto útil y didáctico: la opinión pública. Es decir, la emergencia de un discurso social que explica la realidad a las multitudes y que se nutre de lo que los medios hacen público y que se convierte en materia de conversaciones casuales o como auténticos generadores de realidad. Tarde abandona la explicación simplista y despectiva que ve en la multitud masiva una horda irreflexiva e impulsa una forma de comprensión en donde las personas en tanto individuos construyen una opinión compartida (la opinión pública, justamente) y que les da argumentos y herramientas para movilizarse con una racionalidad empapada de afecto. En suma, los públicos dejan de lado la dicotomía lo racional frente a lo afectivo para considerar que los seres humanos se mueven en una forma social más amplia que incluye todo y que se instrumentaliza mediante las opiniones públicas compartidas en un momento determinado.
La película Spotlight (Tom McCarthy, 2015) muestra la historia del equipo de periodismo estadounidense del The Boston Globe, que investigó alrededor de noventa curas acusados de abuso sexual y pedofilia en Boston. La película fue inspirada en hechos reales y muestra la importancia de los medios de comunicación y su impacto en la opinión pública nacional e internacional. ¿Qué relación existe entre la idea de opinión pública introducida por Tarde y la desarrollada en la película Spotlight?
Nos comenta Moscovici (2013, p. 231):
«Tarde lo había vislumbrado. A cada tipo de comunicación, dice, corresponde un tipo de sociabilidad: a la comunicación tradicional de boca en boca, la multitud; a la comunicación moderna que comienza con el periódico, el público. A cada uno corresponde también un conductor específico. La prensa ha creado el suyo: el articulista».
Gabriel Tarde, en la tradición de Simmel, abre una nueva perspectiva de análisis psicosocial de las multitudes con su libro La opinión y la multitud, que, en 1901, abre una de las mejores explicaciones sociales en el siglo XX y actual, pero que se ha opacado por las tradiciones más recalcitrantes que siguen pensado en el ser humano como parte de una maquinaria, como elemento que hay que conducir, desprovisto de agencia. No es de extrañar que alguna de la gente que analiza el tema en nuestros días recupere la obra de Tarde (o de Simmel) como en la teoría del actor-red, con Bruno Latour a la cabeza, o los teóricos de los nuevos movimientos sociales. Lo que importa resaltar en este punto es que la mejor caja de herramientas para comprender los medios sociales, la acción colectiva de las minorías grupales mediada por internet, la explosión de las redes sociales, las comunicaciones y las noticias falsas (bulos y fake news, como veremos en el apartado «Procesos colectivos y acción social».), etc., abreva de las elaboraciones de Gabriel Tarde con su idea de los públicos.